Las montañas robadas

Durante la dura bajada de la montaña, te topas con otras montañas. 

El cáncer es una enfermedad que se sufre en silencio y en solitario: Nadie puede saber por lo que has y estas pasando. 

Tu cuerpo ha sufrido grandes daños, y tu mente está decaída tras tanto sufrimiento. Nadie se podría haber  imaginado que ahora vendría otra montaña dura: “Covid-19“.

Debido a esta última montaña, te conviertes de repente en paciente de alto riesgo, y eso hace que tu recuperación se vaya retrasando a todo nivel, física y mentalmente.

Pierdes años de experiencias personales: viajes, experiencia laboral, vivencias con los amigos…  Ves como esas montañas de experiencias te han sido “robadas” por culpa de una enfermedad. Ves cómo cambia tu vida y, con ella, tu vida y tu relacionarte con los demás.

Caminas solo. Caminas con temor. Caminas con angustia.  Caminas  con dolor. Caminas  con  pruebas, revisiones… Caminas con malestar. Y sobre todo, caminas  con la pesadumbre y la tristeza de no poder recuperar tu vida de antes. 

Dejas de ser un apoyo para algunas personas, que ves cómo se van de tu lado. Surgen nuevos acompañamientos de personas que están atravesando lo mismo que tú. 

Pero gracias a la experiencia del Cáncer, te das cuenta de que si sigues andando, acompañado de tu fe,  siempre te encontrarás montañas que te motivan a escalarlas. Las montañas jamás estarán hechas a escala humana como tu deseas.  No fuimos nosotros quienes las construimos, nunca estarán hechas a la medida del ser humano siempre serán más grandes, más frondosas, más inalcanzables y eso es lo maravilloso de esas montañas que siempre estarán ahí desafiandote seguramente cuando menos ganas tengas de subirlas.

Víctor

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